¿Escándalo o vulgaridad?

Vuelvo a reiterar mis disculpas. Ha pasado más de un año desde que retomará el blog. En todo este tiempo han tenido lugar muchas cosas. La pandemia nos ha cambiado. Muchos hemos perdido a seres queridos en estos meses; personas a las que amábamos y que el coronavirus se ha llevado por delante sin preguntar. Nos ha dejado paralizados y lo sigue haciendo. Y este contexto no me parecía el más idóneo para retomar mis críticas de moda. Lo vuelvo a hacer ahora con la intención de aportar una visión en pro de la mujer y del hombre. De su belleza indiscutible y de su excelsa dignidad. 

Lo hago tras ver un artículo recientemente en SModa titulado 19 veces que un vestido fue motivo de escándalo, que por cierto no va firmado. He de confesar que me picó la curiosidad al leer el título. ¿De qué trataría? ¿Con qué propuestas de moda novedosas me sorprendería? Empecé a ojearlo y pronto me desilusioné. Básicamente era una selección de fotografías de gente famosa que provocan, más que escándalo, ridículo. Bueno escándalo, también, porque según la primera acepción que nos proporciona la RAE este término hace referencia a alboroto, tumulto y ruido. Que es lo que causó, por ejemplo, la aparición de Rihanna en los premios CFDA de 2014 con su no vestido de rejilla de 230.000 cristales de Swarovski de Adam Selman, y del que tan orgullosa se sentía, que al ser preguntaba si se arrepentía de su elección contestó aquello de: lo único que me arrepiento es de no haber llevado un tanga más pequeño.

Amo a la mujer. Su belleza. Su juego de curvas y formas. Y su natural gracia. Recurso una y mil veces utilizado por los grandes diseñadores para resaltarlo. Pero esta ‘propuesta’ por llamarla de alguna manera, pienso que es una denigración a ella misma. Porque pienso, y así dejo constancia en mi blog, que la moda es el arte de vestir la desnudez humana con elegancia y distinción. Y ambas cosas, ¡Oh querida Rihanna! no se acercan, ni de lejos a lo que luciste, desluciste en 2014.

Y con peor gusto vimos a Rose McGowan en los Video Music Awards de MTV n 94 y a Kendall Jenner en la Gala de los MET de 2017. Claro que una espalda al aire es bella, bellísima. De hecho, tiene un poder de atracción hipnótico y sensual. Pero entre eso y pensar que se tiene estilo o que se es original o transgresora por prolongarla, literalmente, hasta los pies no tiene mucho sentido. No soy mujer, pero pienso que a millones de ellas les invade un algo en su interior cuando ven a estas celebrities como vinieron al mundo en las grandes citas del calendario.

Termino con otro de los ejemplos que se citan en el mencionado artículo: Bella Hadid en Cannes en 2016 y su vestido de raso rojo con una abertura lateral que llegaba hasta el ombligo, además de cuello halter de finas tiras y pecho más que desbocado. Desde luego que Bella Hadid es bella. Hermosa. Muy hermosa. Tiene unos ojos preciosos. Unas piernas maravillosas y un pecho digno de ser retratado por los mejores escultores. Pero de los pies a la cabeza su vestido es una oda al mal gusto. Y eso que su cuerpo le permiten lucir casi cualquier cosa, menos esto, en el que uno se fija en todo menos en Bella.

 

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