El escote perfecto: el arte de insinuar

Elle Fanning en Cannes luciendo un escote perfecto

Decenas, cientos, miles de post han llevado un título similar. Por lo menos en su primera parte: el escote perfecto. De hecho, el encabezamiento de este post surge del artículo ¿Cuánto pecho podemos mostrar? ¿Cuándo insinuar?, publicado la semana pasada en la edición on line de la revista femenina Yo Dona. En él, se analiza esta pregunta, que ronda a la humanidad, y al mundo femenino en particular. Y se hace a colación de la polémica surgida recientemente en un avión en el que su tripulación expulsó a una joven por una vestimenta poco adecuada para viajar, consistente en transparencias y vertiginoso escote. En la aeronave viajaban niños y la azafata le indicó a la mujer que la ropa que llevaba no era la apropiada. Tras el sucedido, la turista británica interpuso una denuncia. A este caso, se ha añadido, recientemente, el de Vueling.

Estos hechos dan para pensar. Y a raíz de ellos, quería reflexionar sobre el escote. En la RAE se habla de él como parte del busto que queda al descubierto por estar escotado un vestido. También se define como corte o abertura en la parte del del cuello de una prenda de vestir, que deja descubierta parte del pecho o de la espalda. Ambas descripciones traslucen que el escote está al servicio del cuerpo. Y es aquí donde entra en juego la acertada pregunta que Marian Benito hace en su artículo. ¿Cuánto pecho podemos mostrar? ¿Cuánto insinuar? La respuesta nos la da la definición clásica de belleza. Una definición que escuche en una visita privada a una iglesia y que su párroco nos decía mientras abría unas puertas de madera que escondían un tríptico de madera policromado de la época del románico. Y dice así: quod vissum placet. Es decir, aquello que a la vista agrada.

Es un hecho incontrovertible que en la morfología femenina predominan las curvas. Es una de sus riquezas, de sus muestras de feminidad. Para el escote perfecto, la respuesta es la misma que hemos escuchado más de una vez los estudiantes de algún MBA; depende. ¿Y de qué depende? Depende de cada mujer, de cada situación, del momento y del contexto -no es lo mismo una fiesta de gala, que una reunión de trabajo o que ir al gym…-. Además, hay una gran variedad entre las que escoger: En A, en forma de corazón, recto, redondo, de hombros caídos, barco, palabra de honor…

Y sobre todo, pienso que la clave está en el arte de insinuar sin caer en la obscenidad -término que por cierto significa fuera de escena-. De esto último, muestro algunos ejemplos de famosas que a mi juicio han sucumbido al mal gusto. Y espero no herir sensibilidades.

Me quedo con estos otros ejemplos inspiradores, y que aparecen por este orden; el bardot, en honor a la propia Brigitte Bardot y favorecedor para los bustos atléticos. El boho, para mujeres con cuerpo menudo, caracterizado por tirantes finos y hombros al aire, adornados por encaje. En Uve, para las mujeres con poco pecho, puesto que lo resalta. El cruzado, ideal para todas las mujeres ya que se adapta a sus curvas. Y recto si se tiene pecho, ya que hace que se realcen las formas sin añadir volumen.

La noticia con la que arrancó este post, hablaba también de las transparencias. Hablaremos de ellas, en detalle, al igual que de los escotes de espalda, que fueron vertiginosos en los trajes de noche de la década de los años treinta y de los que os dejo un adelanto actual, que me enamora, de la mano de Blanca Suárez.

J.

Blanca Suárez escote de espalda
 

One Reply to “El escote perfecto: el arte de insinuar”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.